El día en el que Hollywood se la devolvió a Cary Grant

El 7 de abril de 1970 se celebró la 42ª edición de los Oscars en la que se coronó a la revolucionaria «Cowboy de medianoche» de John Schlesinger, un título estrenado con la clasificación X, como la mejor película de la cosecha de 1969. Aquella ceremonia también merece ser recordada por una de las maniobras más sucias ejecutadas por los Estudios y que tenía como objetivo vengarse del actor Cary Grant, premiado con el Oscar honorífico, porque la industria no perdonó que se convirtiera en una de las estrellas más icónicas de Hollywood sin depender de ninguna compañía.

Cary Grant y la venganza ejecutada por la industria © AMPAS

Cary Grant se retiró de la actuación en el año 1966 tras el estreno de «Apartamento para tres» que hizo bastante dinero en la taquilla. Fue listo. Tenía 62 años y era consciente de que su futuro era exhibir su decadencia en la televisión o en producciones de medio pelo rodadas en Europa, como tantos otros símbolos de la edad dorada de Hollywood. Era clamoroso que fuera uno de los intérpretes favoritos del público y que no tuviera un Oscar. Fue nominado en dos ocasiones a la estatuilla por sus interpretaciones en «Serenata nostálgica» (1942) y «Un corazón en peligro» (1945) y nos faltarían dedos para señalar aquellos trabajos en los que se habría merecido la candidatura. Que la Academia le entregara el Oscar honorífico fue un empeño del actor Gregory Peck, presidente de la entidad, y su propuesta fue vetada por los miembros más próximos a los Estudios e incluso puso su puesto en peligro. Finalmente logró salir adelante en 1970 después de que se resolviera una disputa entre Grant con la Universal por los derechos televisivos de las películas rodadas para dicha compañía.

Cuando la Academia anunció que Cary Grant iba a ser el receptor del Oscar honorífico, la siempre pacífica comunidad de Tinseltown, incluido el propio Grant, se preparó para ver la exhibición preparada por los Estudios para humillar al actor que se había declarado su enemigo. Recurrieron a un escándalo sexual para restar esplendor a la celebración de una carrera ejemplar. Cynthia Bouron, una antigua prostituta de Hollywood que se vendía a sí misma como actriz, presentó una demanda de paternidad contra Cary Grant asegurando que era el padre de su hija de siete semanas. Sí fue cierto que un año antes el actor había tenido un «quelque chose» con la mujer, que en aquel momento tenía 33 años, pero la demanda fue archivada porque la demandante no se presentó cuando fue requerida judicialmente. Los Estudios, de quienes se sospechó que pagaron a Bouron para que sedujera a Grant y orquestaron la maniobra judicial, hicieron extender el rumor de que el actor había pagado a la que fuera su amante ocasional para acabar con el tema. El escándalo era lo suficientemente jugoso para que la prensa solamente hablara de ello y no de Cary Grant como una de las estrellas más absolutas que ha tenido Hollywood. El acto se quedó sin la presencia de Grace Kelly, como presentadora del homenaje, que quiso mantenerse al margen del asunto. También estuvo a punto de no tener a Cary Grant. Fue su gran amigo Howard Hughes quien le convenció de que lo mejor era aparecer ante el público como si nada hubiera sucedido. Además, su ausencia habría sido una victoria para la industria que conseguiría humillarle de la manera más miserable.

Frank Sinatra sustituyó a Grace Kelly que alegó motivos personales para no verse devorada por la polvareda © AMPAS

Tenemos que remontarnos al año 1937 para hablar de los orígenes del conflicto entre Cary Grant y la industria de Hollywood. En ese momento expiró el contrato que unía al actor con la Paramount. El intérprete no se sentía satisfecho con el Estudio que le hizo una presencia notable. Cobraba 3.500 dólares a la semana, no podía soportar el trato favorable que la compañía le daba a Gary Cooper, a quien pagaba casi el doble y se llevaba los mejores proyectos, y no perdonó que no se le pusiera en valor cuando Estudios rivales, de la talla de la Metro Goldwyn Mayer, les pidiera estrellas para proyectos de campanillas. Una vez fuera de la Paramount, el actor tuvo ofertas de las otras compañías y anunció que no se uniría exclusivamente a ninguna sino que firmaría sus contratos por película. Para demostrar que lo suyo como actor independiente iba en serio solicitó su baja de la Academia y fueron contadas sus apariciones en la ceremonia, tan solo para realizar favores personales.

Aquella decisión fue considerada un suicidio. Quienes lo intentaron murieron. Solamente Charles Chaplin fue capaz de sobrevivir a la tiranía de los Estudios que crearon la Academia para atar en corto a quienes demandaban mejoras salariales o que pretendían conseguir su carta de libertad. Chaplin pagó cara su independencia. Fue perseguido por sus ideas políticas y también por sus preferencias sexuales. Pero nunca dejó de ser realeza de Hollywood algo que le permitió ser uno de los fundadores de la United Artist junto a Mary Pickford, Douglas Fairbanks y D.W. Griffith, los otros nombres que hicieron grande a la industria cinematográfica en sus primeros años.

Cary Grant no era nada de eso. Tan solo cinco años antes había llegado a Hollywood procedente de los espectáculos de vodevil de Nueva York, con un contrato de la Paramount bajo el brazo y dejando atrás una existencia que parecía sacada de una novela de Charles Dickens, estando presentes componentes como la miseria, el abandono y la tragedia . El mundo del espectáculo libró a Archibald Alexander Leach de convertirse en un delincuente más de las calles de Bristol. Archie Leach construyó a Cary Grant empapándose de aquello que le fascinaba y que encontró en la alta sociedad neoyorquina, supuestamente su buena planta le permitió servir como acompañante durante sus inicios, y posteriormente en los directores que más le influyeron, especialmente Leo McCarey y Alfred Hitchcock. Se retiró en 1966, falleció veinte años después y sigue siendo una estrella imperecedera, pese a los bandazos que hemos ido dando en estas últimas décadas.

«Fingí ser alguien que deseaba ser, hasta que finalmente me convertí en esa persona. O él se convirtió en mí» © GettyImages

Cary Grant estaba condenado a seguir comiéndose las sobras que dejaba Gary Cooper. Una vez lograda su autonomía consiguió despegar como estrella. Llegaron de esta manera «La pícara puritana», «Vivir para gozar», «Luna nueva», «Gunga Din», «Sólo los ángeles tienen alas», «Historias de Filadelfia», «Mi mujer favorita» y «Sospecha». En tan solo cuatro años el recorrido realizado por Grant como actor independiente fue muchísimo más provechoso que estando a sueldo de una compañía. No solamente controlaba los proyectos en los que se metía y podía demostrar su versatilidad como intérprete, sino que le abrió el camino a otros actores. Sin la apuesta por el individualismo de Grant, Olivia de Havilland no hubiera llevado a los tribunales a la Warner en 1943, solicitando su libertad, ni el gobierno de los Estados Unidos hubiera interpuesto en el año 1948 una demanda antimonopolio contra la industria de Hollywood, por el control absoluto de los Estudios en la producción, distribución y la exhibición de las películas. El mayor éxito de Grant supuso la derrota en su propio campo de Hollywood. Eso la industria no lo perdonó jamás.

Cary Grant sigue superando a cualquiera de sus imitadores © GettyImages

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