Will Haines, el más valiente entre mil

En 2021, Emma Corrin, irrumpió en el debate – activo desde la pasada década – sobre la eliminación de las categorías interpretativas por género en los premios del espectáculo. La reforma promete avanzar hacia una igualdad más inclusiva, erradicando la incomodidad de quienes no se reconocen en identidades binarias y legitimando candidaturas como la de Karla Sofía Gascón, mujer transexual nominada al Oscar por su actuación en «Emilia Pérez». Corrin, quien se define como persona de género fluido, fue candidata al Emmy por su fantástica interpretación de Diana de Gales en «The Crown». Sin embargo, expresó su malestar ante un sistema que la encasilla en una categoría femenina que no termina de representarla. Sus palabras fueron aplaudidas en los sectores progresistas, ávidos de reafirmar nuevos dogmas identitarios.

Emma Corrin como Diana de Gales en ‘The Crown’, representación de la lucha por la inclusión en la industria del entretenimiento © Netflix

La de Corrin no ha sido una voz excepcional, ni ha inventado nada. Un año después, Ariana DeBose, se proclamó la primera actriz queer ganadora del Oscar, omitiendo que Linda Hunt ya había realizado ese camino casi cuarenta años antes. Más allá de la autenticidad, estos discursos cumplen una función estratégica: las agencias, conscientes de su responsabilidad social y comercial, adoptan banderas activistas para conectar con la generación Z, consumidor voraz y demandante de referentes, aunque muchos de estos sean construcciones cuidadosamente diseñadas. El gesto de Corrin – cuya vida sentimental conocida incluye solamente parejas masculinas – fue percibido por algunos más como una maniobra calculada que como un acto de coraje; su carrera transcurre en un entorno donde la diversidad sexual es un derecho garantizado, no una batalla.

Emma Corrin y Rami Malek han formado una pareja que ha enloquecido a los editores de moda © People

Muy diferente fue la realidad de William Haines en los años 30, cuando vivir su homosexualidad abiertamente equivalía a la ruina profesional.

William Haines, pionero del cine de Hollywood y símbolo de la libertad sexual © MGM

Cuando Estados Unidos entró en la Segunda Guerra Mundial, sus estrellas respondieron al llamado patriótico como si se tratara de un casting nacional. Glark Gable, destrozado por la muerte trágica de Carole Lombard, parecía buscar en el frente un desenlace seguro a su existencia. Habría sido humillante y desastroso para la propaganda que cayera en manos enemigas. Gable no era solo la mayor estrella de Hollywood: era la encarnación del cine americano. «Lo que el viento se llevó» cimentó su lugar como icono absoluto, un cruce perfecto de talento, magnetismo y carisma. Los hombres lo admiraban, las mujeres lo deseaban. Era, sin discusión, el rey.

Clark Gable, simbolizando el esplendor del Hollywood de los años 30 © Warner

Su carrera se forjó en la Metro Goldwyn Mayer, estudio que alardeaba de tener más estrellas que el firmamento: Garbo, Harlow, Shearer, Crawford… estaban en sus filas. Pero más que a Louis B. Mayer, Gable debió su ascenso a Joan Crawford, quien insistió en contar con él en «Amor en venta». Según la leyenda, William Haines – estrella de la compañía y muy cercano a Crawford – lo recomendó cuando Gable buscaba desesperadamente su salto a la primera fila. Algunos vinculan esta historia con el despido de George Cukor – íntimo de Haines y cómplice en sus andanzas – de «Lo que el viento se llevó», un reflejo de las tensiones personales en el Hollywood de influencias y traiciones.

En 1933, William Haines era una figura establecida, epítome de sofisticación y transición exitosa al cine sonoro. A diferencia de sus colegas, no ocultó su homosexualidad. Desde 1926, compartía su vida con Jimmy Shields, también actor, relación conocida por MGM. La maquinaria publicitaria presentaba a Haines como «eterno soltero» mientras la situación fuera manejable. Todo cambió con una redada en la que fue sorprendido dando lo mejor de sí con un marinero. Louis B. Mayer intentó imponer un matrimonio de conveniencia para salvar la imagen, pero Haines rechazó renunciar a su sexualidad y a su pareja, pese a sus conocidas aventuras paralelas.

William Haines apostó por una jovencísima Joan Crawford y ella le fue leal hasta el final © MGM

El precio por su libertad fue inmediato: despido fulminante, veto absoluto y ostracismo. En una industria que toleraba la hipocresía mientras la disidencia sexual permaneciera oculta, Haines fue el primer gran símbolo de resistencia visible. Lejos del calor de los platós cinematográficos, Haines y Shields encontraron prosperidad en el diseño de interiores, con el apoyo de las luminarias de Hollywood, su principal valedora fue Joan Crawford, siempre agradecida por la ayuda que Will le prestó en sus comienzos.

William Haines y su pareja Jimmy Shields: una historia de amor y resistencia en la era dorada de Hollywood © Getty Images

La relación de William Haines y Jimmy Shields fue una de las más sólidas de la siempre pacífica comunidad de Tinseltown. Ni la presión de una industria puritana ni las tentaciones pasajeras lograron quebrar su vínculo. Permanecieron juntos hasta la muerte de Haines por cáncer en 1973. Jimmy, incapaz de soportar la ausencia y afectado por el Alzheimer, decidió seguirlo poco después. Fue la última escena de un amor real en un Hollywood que solo sabía fingirlo.

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