Cancelando al monstruo

Este domingo 9 de enero va a tener lugar la 79ª edición de los Globos de Oro, pero ninguna televisión va a estar pendiente de ver lo que sucede en un evento que antes del Covid era lo más parecido a un botellón, en el que la gracia era contemplar a la gente borracha como en un piso de Magaluf. Solamente los más cafeteros van a estar deseosos de saber qué es lo que van a premiar los miembros de la Asociación de Prensa Extranjera en Hollywood, que dará a conocer su palmarés en una breve comparecencia ante los medios. No va haber ceremonia, la NBC anunció que no la va a emitir y ninguna estrella quiere saber nada de ella.

Ricky Gervais, el maestro de ceremonias sacacolores © GettyImages

¿Qué ha pasado para que hayamos llegado a esta situación? En la pasada primavera Los Angeles Times destapaba que la Asociación de Prensa Extranjera en Hollywood había sido demandada por la periodista noruega Kjersti Flaa por haberle denegado el acceso y también les acusaba de institucionalizar la «cultura de la corrupción». Citando su demanda, Flaa alegaba que la organización que está exenta de impuestos funcionaba como un cártel, prohibiendo el acceso a solicitantes calificados como ella, y monopolizando el acceso a la prensa tan importante mientras subvencionaba indebidamente los ingresos de sus miembros. La periodista dejaba caer además que el grupo está plagado de conflictos éticos y sus miembros aceptan miles de dólares en emolumentos de los mismos estudios y las celebridades y que todo ello se escondía bajo un «código de silencio».

A pesar de que la demanda de Kjersti Flaa fue desestimada, el artículo de Los Angeles Times fue la puntilla, porque en el influyente medio de comunicación se les acusaba de algo que hoy en día es determinante: de ser racistas. Se dejaba ver que la organización es muy poco dada a favorecer la diversidad entre sus miembros, la mayoría de sus integrantes son de raza blanca, algo que puede condicionar a la hora de votar. En una era como la que vivimos en la que estamos dominados por el buenismo y el activismo woke de justicia social ha resultado intolerable que la industria se siguiera rigiendo por el «código de silencio» con respecto a la HFPA y comenzó a ejercer presión para que la formación hiciera un lavado de cara ante la galería. Tom Cruise que ganó en tres ocasiones el Globo de Oro por «Nacido el 4 de julio», «Jerry Maguire» y «Magnolia» devolvió sus trofeos, una actitud que no ha dejado de resultar sorprendente, y Scarlett Johansson y Mark Ruffalo (él ganó el año pasado por la miniserie «La innegable verdad») denunciaron que las conductas de algunos de sus miembros rozaban el acoso sexual. Para contribuir a la cancelación algunas compañías de Hollywood como Netflix y Amazon anunciaron que no seguirían colaborando con la HFPA y el remate fue la NBC cuando canceló la retransmisión de la ceremonia del 2022 con la condición de que se pueden retomar los fastos el próximo año si se producen los cambios que la industria demanda. La cadena de televisión sabía a lo que se exponía y retiró una inversión de 30 millones de dólares ante el temor de una campaña en su contra en redes y medios para atemorizar a los patrocinadores.

Tom Cruise con el Globo de Oro ganado por «Nacido el 4 de julio» ©GettyImages

La sombra de la duda siempre ha acompañado a la Asociación de Prensa Extranjera en Hollywood. Desde su fundación en 1943 la industria ha mirado por encima del hombro a una organización de periodistas extranjeros cuya mayoría de integrantes no vive de los medios de comunicación, de hecho un chiste que se repite muy a menudo en la ciudad de Los Angeles es que en la noche de la ceremonia de los Globos de Oro no hay camareros en la ciudad. Pero ha sido Hollywood el encargado de sobrealimentar al monstruo que ahora mismo ha querido cancelar porque es lo que procede.

En el año 1943 se fundó la Asociación de Prensa Extranjera en Hollywood que aglutinaba a dos asociaciones de corresponsales extranjeros en Hollywood. El mundo estaba sufriendo los efectos de la Segunda Guerra Mundial y Hollywood vio en el trabajo de la prensa internacional una manera de vender su cine al mundo y en 1944 se celebró la primera ceremonia de los Globos de Oro, siendo «La canción de Bernadette» y su protagonista Jennifer Jones los principales galardonados. Esa ha sido la esencia de la relación entre la industria y esta minúscula asociación a pesar de los escándalos.

Hasta el año 2020 la Asociación de Prensa Extranjera en Hollywood estaba compuesta de 86 miembros. Ya en 1958 la HFPA se había ganado su mala fama, algunos de sus miembros más destacados admitieron que los galardones no eran más que intercambios de favores, y la NBC a finales de la década de los 60 amenazó con la no emisión debido a la falta de transparencia en sus galardones.

Pero a pesar de las sospechas se seguía imponiendo el «código de silencio» y la alianza entre los corresponsales extranjeros y Hollywood continuaba retroalimentándose. La industria ha apremiado a los miembros de la asociación a lo largo de más de siete décadas y no se ha escondido. La prensa de todo el mundo se ha acostumbrado a ver que alguien de la HFPA ha tenido acceso VIP a muchos eventos organizados por los estudios y que son beneficiados con viajes a festivales de cine tan para privilegiados como Cannes o Venecia, Gary Oldman sirvió de anfitrión para los corresponsales asociados en el festival de Venecia de 2011 para promover «El topo» y tres años después calificaba a sus integrantes de pajilleros pidiendo el boicot a los premios, cuando le galardonaron por hacer de Winston Churchill en 2018 por «El instante más oscuro» se olvidó de aquello, y Netflix invitó a los periodistas de la HFPA a París para promover su serie «Emily in Paris» que posteriormente se vio beneficiada en el reparto de candidaturas en la edición de 2021. Cuando Pia Zadora se llevó el Globo de Oro a la estrella emergente en 1982 por «La marca de la mariposa» y al cabo de un tiempo la prensa informara que el marido millonario de la actriz y cantante invitó a los miembros de la HFPA a Las Vegas lo único que hizo la asociación fue retirar el premio en dicha categoría.

Pia Zadora con el Globo de Oro de la discordia ©GettyImages

A Hollywood no le convenía seguir alimentando al monstruo. Las amenazas de cancelación por parte de los espectadores pueden tener unos efectos nefastos y más en un momento de crisis tan importante como el que estamos viviendo. Durante décadas se puede tolerar que se acuse a una de las asociaciones que les hace la pelota que sea corrupta pero no que seas la protectora de un grupo tildado de racista.

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