Los Oscars vs el pueblo

Que la marca Oscar está cada vez más devaluada es un hecho, debido a que es el mayor símbolo de una industria a la que le está tocando vivir una de las crisis más profundas de su historia. Solamente hay que mirar la evolución de los datos de audiencia de la ceremonia, en caída libre desde el último lustro y que tocó fondo en la edición del 2021 con una pírrica cifra de 9,85 millones de espectadores, también es verdad que las películas no fueron grandes éxitos de taquilla y el caballo a batir era «Nomadland» cuya escena cumbre era la de Frances McDormand haciendo sus necesidades en un cubo. Ante este panorama la Academia ha optado por tratar de recuperar el favor del público otorgándole la oportunidad de conceder el Oscar del pueblo. Este premio no formará parte de las categorías formales de los Oscars pero sí que puede ser entendido como una toma de contacto con el mundo real, la Academia del Cine Europeo y los BAFTA también han optado por dejar en manos del público algunos de los galardones, los correspondientes a la mejor comedia y estrella emergente respectivamente.

El califato del Oscar Film Twitter jamás ha aspirado a tanto en la vida ©AMPAS

Las intenciones de la Academia para conectarse con la audiencia son lógicas en un momento en el que el interés por parte del público es cada vez menor. Pero esta iniciativa puede ser una bomba que les estalle en la cara porque es la herramienta perfecta para que los usuarios más traviesos de internet traten de reventar esta edición de los Oscars desde dentro o para que las diferentes productoras recurran a la creación de perfiles falsos en las redes para salir beneficiadas en el recuento de votos. El sistema permite hasta veinte votaciones diarias y los participantes tendrán acceso a un sorteo cuyo premio es asistir a la ceremonia de los Oscars del 2023.

Convertir los Oscars en un evento para el pueblo se pudo comprobar en la lectura de las candidaturas el pasado 8 de febrero. Tradicionalmente era un acto pequeño ante los medios de comunicación en donde el presidente de turno de la Academia se ayudaba de alguna estrella anteriormente ganadora o nominada para dar los nombres de los finalistas de las categorías principales. Desde hace un lustro el formato ha cambiado, ya se dan a conocer todos los apartados y se ha prescindido del directo, lo que vemos es un vídeo preparado por la Academia. Para presentar las candidaturas del 2022 se contó con la colaboración de bomberos y de estudiantes pero lo mejor fue la participación de un entusiasta del cine profesional en calidad de comentarista de las nominaciones. Un intento de bajar al populacho que ha sido tan ridículo que le ha convertido objeto de mofa.

El entusiasta profesional, ni el Chanantismo es capaz de mejorar esto©AMPAS

Las decisiones de los Oscars no han estado siempre ligadas a las preferencias del público ni a los dictados de la prensa que obedece a la voz de su amo. En el 2006 fue un escándalo que el drama romántico gay «Brokeback Mountain» de Ang Lee, el caballo ganador para la crítica y la prensa, no se llevase el Oscar a la mejor película y que el premio fuera para «Crash» de Paul Haggis. La ausencia en 2009 de «El caballero oscuro» de Christopher Nolan en las candidaturas principales llevó a la Academia a ampliar el número de finalistas en la categoría de mejor película.

La de «Crash» fue la victoria más dolorosa de la historia reciente de los Oscars ©GettyImages

Estos desagravios fueron ampliamente comentados en internet pero el hecho que marcó el nacimiento de una nueva era en la Academia sucedió en enero de 2015, cuando se revelaron unas candidaturas a los premios en donde había muy poca diversidad racial. La indignación en parte de la industria llevó a la creación del hashtag #Oscarsowhite en donde se denunciaba el racismo imperante en los premios de la Academia. Ante las críticas por falta de diversidad la Academia prometió introducir una serie de cambios para garantizar el relevo generacional y cumplir con las cuotas de integración. El número de académicos se ha ampliado, la Academia ha fijado como objetivo reclutar a los profesionales de otras cinematografías y hacérselo cada vez más complicado al sector del cementerio de elefantes. Ha modernizado sus estructuras y ha dado prioridad al formato digital. José Luis Garci, ganador del Oscar a la mejor película en lengua no inglesa por «Volver a empezar» en 1983 y miembro de la Academia desde entonces ha confesado recientemente que ya no ejerce su derecho al voto debido a lo complicado que le resulta el actual procedimiento.

La creación de los movimientos #Oscarsowhite (2015) y #MeToo (2016) han condicionado el rumbo de los Oscars en los últimos años. Prevalece el relato de una víctima de un sistema opresor que la excelencia artística y contribuir a la industria cinematográfica. Convertir la identidad en un mérito, en definitiva.

El talento de Viola Davis, ganadora de Oscar, Emmy y Tony, está muy por debajo de su condición de oprimida por el sistema ©GettyImages

El 16 de mayo de 1929 tuvo lugar la primera edición de los premios de la Academia que a partir de una década después se conocieron como los Oscars, por el parecido con el tío Oscar de la secretaria ejecutiva de la academia, Margaret Herrick, o porque Bette Davis vio que las nalgas del eunuco eran idénticas a las de su primer marido, el músico Harmon Oscar Nelson. Los premios fueron una respuesta de la industria a dos cosas que eran muy preocupantes. La popularidad de Hollywood estaba cayendo en picado debido a los continuos escándalos vividos durante la segunda década del siglo XX: asesinatos, muertes por sobredosis, ingresos en clínicas de rehabilitación eran noticia semana sí y semana también y la sociedad victoriana condenó a siempre pacífica comunidad de Tinseltown por su inmoralidad. Por otro lado se quería frenar el auge del comunismo a través de los sindicatos y los fundadores de Hollywood, muy de derechas y de fuera de los Estados Unidos, temían la intervención por parte del gobierno. La creación de una academia para fomentar la excelencia era una manera de lavar su propia imagen y recuperar el control de la industria. La primera ganadora fue «Alas» de William A. Wellman y Harry d’Abbadie d’Arrast un film puramente de industria, un éxito inmediato en la taquilla y cuya influencia se sigue notando después. Frente a la ganadora de la industria la Academia decidió concederle un premio especial a una película por sus valores artísticos y la elegida fue «Amanecer» de F.W. Murnau. Este galardón al mérito artístico desapareció porque los Oscars son los premios a la excelencia con la que se quiere promover la industria.

En la batalla entre la industria y el arte ganó lo primero © Fox

Tendemos a pensar que las redes sociales, especialmente Twitter, son un reflejo del mundo real cuando estamos ante un rebaño guiado por unos manipuladores que pretenden imponer lo que está bien, lo que no lo está y condenar al contrario. La burbuja twittera no tiene efectos reales porque de ser así las estrellas veneradas en las redes llenarían los cines sin problemas.

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