El signo de los tiempos

Estamos a muy pocas horas de que se celebre la 94ª edición de los Oscars. Los datos de audiencia de las pasadas ediciones han sido muy negativos y los de la gala del 2021 fueron catastróficos ya que se situaban por debajo de los 10 millones y ya congregar a menos de 30 millones supone una tragedia. La ABC y la Academia están nerviosas y más la cadena de televisión dependiente de Disney. Tal y como ha ido informando The Hollywood Reporter a lo largo de las últimas semanas las tensiones entre la Academia y la ABC han sido constantes, hasta el punto de que la cadena amenazó con suspender la ceremonia si no se eliminaban doce de los galardones de los considerados técnicos. Finalmente la Academia optó por ceder a la presión y acordó la supresión de ocho de los premios, en la ceremonia se emitirá un vídeo sobre su entrega, y recuperar la figura del presentador.

El Oscar tratando de salvarse de la deriva ©GettyImages

La gala estará dividida en tres bloques encaminados a diferentes sectores de la audiencia. Las maestras de ceremonias serán las actrices y comediantes Amy Schumer, Regina Hall y Wanda Sykes. Los productores no han echado el resto para escoger a unas presentadoras de alto perfil, al igual que tampoco han seleccionado a las figuras más icónicas de la industria para que participen en la gala. Pero es que en este momento los Oscars son una patata caliente a la que hay que quitarse de encima lo antes posible. Desde la edición de 2010 y con la salvedad de Ellen DeGeneres (antes del repudio porque ha vivido lo suficiente para pasar de heroína a villana) no ha habido una figura capaz de hacer de los Oscars un gran show que pudiera atraer a una audiencia numerosísima de espectadores. Cuando a la desesperada se reclutó a Billy Crystal, uno de los maestros más icónicos de la historia de los Oscars, no resultó nada agradable ver a un presentador que ya no encajaba ni con el espectáculo, ni con la audiencia ni con el Hollywood del siglo XXI.

Las presentadoras de los Oscars 2022 ©AMPAS

En estos días no hemos dejado de ver vídeos en las redes sociales sobre las intervenciones memorables en los Oscars de Bob Hope, Fred Astaire, David Niven, Elizabeth Taylor, Paul Newman e incluso con la aparición de una Katharine Hepburn en pijama, en una clara exhibición de arrogancia que le hizo creerse por encima del resto. Ese Hollywood ya no existe. Para la gala de este año se ha vendido un homenaje al cincuenta aniversario de «El padrino» y lo propio sería reunir a quienes quedan del mítico film de Francis Ford Coppola, eso coincide también con la estrella en el paseo de la fama que por fin ya se la han pagado al cineasta, y solamente los más nostálgicos estarán pendientes de ello, al resto le dará igual o estará esperando al meme.

Elizabeth Taylor y Paul Newman entregaron el Oscar a la mejor película en 1992 ©GettyImages

Hollywood ha sido desde sus inicios un cementerio de elefantes. No es la excepción al mundo en el que vivimos y en donde o hacemos el esfuerzo para adaptarnos a los nuevos tiempos, aunque es posible que hagamos el ridículo, o lo más probable es que pasemos al ostracismo. Louise Brooks pasó de trabajar como actriz, ser una it girl para la moda y protagonizar «La caja de Pandora» a ser una dependienta de unos grandes almacenes neoyorquinos. Lo mismo le sucedió a Veronica Lake y a tantas otras luminarias y no solamente de la siempre pacífica comunidad de Tinseltown.

Probablemente Leonardo DiCaprio sea la última gran estrella de ese concepto que hemos tenido de Hollywood como meca del cine, alguien tan excepcional que ha estado por encima de la tiranía de la industria y que no ha tenido que meterse en títulos alimenticios o que fueran un peaje. DiCaprio hizo que «El renacido», por la que recibió el Oscar al mejor actor en 2016, rebosara las salas a pesar de que no era una película de masas y también consiguió que «No mires arriba» de Adam McKay se convirtiera en un éxito histórico para la plataforma Netflix. Él tiene ese poder y muy pocos en el Hollywood surgido en el siglo XXI pueden equipararse a eso. Hoy confundimos a una estrella por el número de seguidores que tenga en las redes sociales y luego no es capaz de generar interés cuando estrena una película, por eso cada vez más son los actores que se reciclan en el mundo publicitario de las redes.

Leonardo Dicaprio es una de las pocas estrellas de este siglo XXI que realmente conoce la señora de Wisconsin ©GettyImages

Los Oscars son la mayor expresión de Hollywood y están sufriendo la indefinición de la industria y el star system. Es el signo de los tiempos. Los hábitos de consumo han cambiado. Vemos el cine a través de las plataformas en cualquier dispositivo móvil y preferimos YouTube o Twich antes que la televisión convencional. La retransmisión de los Oscars es ahora mismo lo más parecido a un botellón vía Zoom, estaremos más pendientes de vivirlo a través de las redes sociales y de la cobertura en diversos canales que de atender realmente a la gala. Mientras se adaptan al modelo del siglo XXI a los Oscars le tocarán seguir atravesando el desierto hasta que lleguen a un oasis si no es que perecen por el camino, y por el paso que van cada vez más me decanto por lo segundo.

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