Recuperando el Código Hays

El pasado 13 de febrero la cadena de televisión británica Channel 5 emitió el clásico de Blake Edwards «Desayuno con diamantes» y los espectadores de este film protagonizado por Audrey Hepburn, en la cumbre de su belleza, y George Peppard se dieron cuenta de que se había prescindido del señor Yunioshi, el vecino japonés protestón interpretado por Mickey Rooney. «Desayuno con diamantes», basado en un relato de Truman Capote, se estrenó en 1961 y ya en su momento se consideró que la encarnación de Rooney era una caricatura y el propio actor se mostró arrepentido por haber enfocado el papel de una manera tan hiriente. Previamente a este movimiento de Channel 5, dependiente de Paramount, se ha advertido a la audiencia de que el contenido no se ajusta a la corrección política.

En 1961 se pasó un corte que en 2022 es intolerable ©Paramount

Hulu ha retirado de su plataforma cinco episodios de la veterana comedia «Colgados en Filadelfia» porque uno de sus personajes se pinta la cara de negro. «Colgados en Filadelfia» que en breve aterrizará en Disney + en su formato censurado es una serie que se caracteriza por romper continuamente los cánones de la corrección política pero que no duda en condenar las acciones de unos personajes que son perfectamente reconocibles en el mundo real. Lo mismo sucede con otras comedias emblemáticas de este siglo XXI como son «The office» y «Community», alojadas en Netflix, y de las que han eliminado dos episodios por actitudes racistas. Previamente HBO Max sacó momentáneamente de su catálogo «Lo que el viento se llevó» después de las protestas de algunos suscriptores por blanquear la esclavitud, finalmente la plataforma dependiente de Warner, repuso el clásico concebido por David O. Selznick advirtiendo de su contenido.

Una serie que expone a lo peor de la sociedad pero sin los subrayados que exige la comunidad © Disney +

Ese afán revisionista, tan propio de alguien con aspiraciones púbicas que mira entre sus tweets por si hay algo inapropiado, se debe al ascenso mediático de los movimientos sociales nacidos en Twitter, especialmente #BlackLivesMatter y #MeToo. En el año 2013 el vigilante jurado George Zimmerman fue absuelto por la muerte del adolescente afroamericano Trayvon Martin y en las redes sociales se iniciaron unas protestas bajo el lema #BlackLivesMatter que con el paso de los años fueron adquiriendo un significado social y que se tradujeron en los disturbios en Ferguson en 2014, las manifestaciones por diversas ciudades no solamente de Estados Unidos a raíz de la muerte de George Floyd en 2020 y que han condicionado las últimas campañas presidenciales en los Estados Unidos. En el otoño de 2017 The New York Times desenmascaraba a Harvey Weinstein como un depredador sexual. Los hechos fueron condenados en las redes y se creó en Twitter el movimiento #MeToo para que se denunciaran situaciones de acoso y violencia sexual.

Justin Trudeau, el colmo del buenismo ©GettyImages

Los movimientos #BlackLivesMatter, #MeToo y en menor medida el activismo «queer» realizan esfuerzos para condicionar el mundo de nuestros días y han derivado en el nacimiento de los «Woke» de los «despertados» que se han convertido en guerrilleros contra la desigualdad social, como las «criaturas» de «La parada de los monstruos» que vengaron a uno de los suyos cuando fue atacado por quienes representaban a la sociedad opresora . Son los herederos de los feligreses de las iglesias de inicios del siglo XX, los que condenaron a Hollywood por promover la inmoralidad a través del cine y los que en parte llevaron a la industria a crear el «Código Hays» como mecanismo de autocontrol. Como bien dice mi admirada Rosa Belmonte el twittero que pone el grito en el cielo por la proyección de «Lo que el viento se llevó» en una sala de cine o por los desnudos femeninos en el Museo del Prado es como una señora desmayada del siglo XVIII a la que hay que darle unas sales.

Llegará el día en el que se quiera borrar la película de la memoria colectiva © Warner

El «Código Hays» murió de manera oficial en el año 1968. En realidad ya llevaba unos años en desuso y más de medio siglo después de su enterramiento se ha recuperado para apaciguar los ataques de los despertados. La era woke ha llevado a las plataformas a iniciar una cura de desintoxicación, para someter a su catálogo a las cláusulas de corrección política, y la producción audiovisual ha de cumplir las condiciones de inclusión para poder beneficiarse de las ventajas fiscales y en el caso del cine optar al Oscar a la mejor película. El revisionismo también nos ha traído de vuelta a los tribunales de la Santa Inquisición en donde un grupo selecto se dedica a perseguir a los creadores del pasado que no se ajusten al catecismo del siglo XXI. Lo grave es que algo que estaba limitado a un grupo de twitteros con ansias de protagonismo se ha institucionalizado.

El «Código Hays» como mecanismo de Hollywood para lavar su imagen también impuso cláusulas de moralidad. La homosexualidad, la promiscuidad femenina, el alcoholismo y las adicciones a las drogas no se toleraban en la siempre pacífica comunidad de Tinseltow. Una de las víctimas del Código Hays fue William Haines. Antes de que el Código Hays entrara en vigor era una de las estrellas más importantes de la Metro Goldwyn Mayer pero tenía un problema, era homosexual y se negaba a mantenerse encerrado en el armario. Vivía con su novio, Jimmy Shields, y en 1933 el actor fue arrestado cuando se hizo una redada en un antro y le pillaron catando la hombría de un marine. Louis B. Mayer hizo elegir a Haines entre su carrera, aceptando un matrimonio de conveniencia con alguna secretaria del estudio, o su pareja. Haines escogió lo segundo y dijo adiós a sus días como actor. En el futuro junto a su novio triunfó como decorador, convirtiéndose en el más demandado en Hollywood. La leyenda dice que Haines fue el peaje que tuvo que pagar Clark Gable para trepar en la MGM y que era algo que sabía George Cukor y que por ese motivo el «Rey» logró que le despidieran como director de «Lo que el viento se llevó».

William Haines sí que fue valiente y no el twittero que denuncia que le miran mal en el súper por comprar mascarillas rosas © GettyImages

Haines renunció a una carrera exitosa porque quería defender su integridad personal, vivir plenamente su sexualidad y compartir su vida con el hombre que amaba. Todo un ejemplo de valentía y no lo de Eddie Redmayne arrepintiéndose de haber interpretado a una mujer trans en «La chica danesa» básicamente porque quiere seguir trabajando o lo de la Marvel incluyendo una escena de un beso entre dos hombres en «Eternals» y alardear de ello en el primer mundo y eliminando la escena de marras en los países en los que la homosexualidad está institucionalmente perseguida.

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