Nadie se disculpó con Jake Lloyd

El momento más emotivo de la 95ª edición de los Oscars fue cuando Jonathan Ke Quan recogió el premio al mejor actor de reparto por su trabajo en «Todo a la vez en todas partes». Cuando Ariana DeBose (receptora en la pasada gala del premio a la mejor actriz de reparto por «West Side Story») leyó el nombre del ganador su voz se quebró por la emoción, la platea celebró con júbilo la decisión académica y los asistentes estuvieron a punto de ser desalojados en canoa. No era para menos. Aquél galardón había contado con uno de los mejores relatos de la historia reciente de los Oscars y que estaba protagonizado por alguien que representaba las luces y sombras del sueño americano. Tenía 12 años cuando fue elegido por Steven Spielberg para que diera vida a Tapón en «Indiana Jones y el templo maldito» y su caso nada tiene que ver con el de centenares de niños fotogénicos que son paseados por sus padres por los estudios. Ke Huy Quan llegó a los Estados Unidos en 1979 con su familia que había huido de Vietnam tras la caída de Saigón y tras pasar un año en un campo de refugiados en Malasia. Spielberg se quedó tan encantado con el carisma de su descubrimiento que le propuso para el reparto de «Los Goonies» de Richard Donner de la que era productor. Con 14 años se convirtió en una estrella pero antes de que se diera cuenta ya había pasado a ser un juguete roto. Su carrera no tuvo continuidad, ni siquiera pudo encontrar un hueco en el cine asiático, y tras estudiar cine se recicló como asistente de directores como Wong Kar Wai y también como coordinador de dobles y coreógrafo de escenas de acción antes de que llamara la atención de Daniel Kwan en Twitter y se hiciera con el papel de Waymond Wang en «Todo a la vez en todas partes» que ha hecho de él la principal atracción de todas las fiestas celebradas en los Estados Unidos durante los últimos doce meses, dejando a Roberto Benigni a la altura de un aburrido conferenciante. La victoria de Ke Huy Quan no obedece a que fuera el mejor de un quinteto de intérpretes, ni siquiera a su propia historia personal sino a la narrativa que ha construido Hollywood como ofrecedora de segundas oportunidades. Ahora que se ha pasado página muchos de los que se emocionaron con la victoria del entrañable Quan Ké Huy ya hayan bloqueado su número de teléfono y cuando se crucen con él le negarán el saludo porque la siempre pacífica comunidad de Tinseltown estará a la búsqueda de una nueva causa que apadrinar.

Más que un Oscar su premio era el Jean Hersholt humanitario concedido por la Academia por no perder la esperanza © AMPAS

En el verano del año 1999 se estrenó «La amenaza fantasma» en donde George Lucas expandía el universo de «La guerra de las galaxias» para ahondar en la historia de Anakin Skywalker, su caída en el lado oscuro y su conversión en Darth Vader. Aunque «La amenaza fantasma» fuera un éxito de taquilla a la crítica no le gustó y se cebaron especialmente con dos personajes del film: Jar Jar Binks, una creación digital, y Anakin Skywalker que estaba encarnado por Jake Lloyd, que en aquel momento tenía 10 años. Lloyd no era un debutante, ya tenía experiencia en anuncios, series como «Urgencias» y había trabajado con Arnold Schwarzenegger en «Un padre en apuros». Llegó al papel de Anakin Skywalker tras hacer varias pruebas a lo largo de tres años. Su actitud fue lo que sedujo a la directora de casting pero eso no le ayudó a gestionar lo que estaba por llegar. Jake Lloyd pagó por la mala construcción de un personaje, como bien dijo Carlos Pumares ya desde la primera aparición del pequeño Anakin solamente le faltaba un letrero luminoso que dijera «mañana seré un h.d.p.» pero eso no lo supieron ver los miembros de la asociación que entrega los Razzies que le propusieron como peor actor de reparto ,ni los internautas que lo despellejaron en los foros, afortunadamente no existían las redes sociales. Si con apenas tres años Jake Lloyd se propuso ser actor, pese a la inicial oposición de sus padres, con once años quiso desaparecer del mundo al convertirse en objeto de mofa por parte de unos compañeros de colegio que se ensañaron con él de la manera más cruel. En estas dos décadas Jake Lloyd no ha podido lidiar con una experiencia traumática que le ha llevado a tener serios problemas psiquiátricos.

Era más fácil meterse con un niño de diez años que con George Lucas © Lucasfilm

Nadie está preparado para el éxito ni mucho menos para el momento en el que todo eso se esfuma, pero es muchísimo más complicado cuando nos encontramos con niños que viven situaciones que les desbordan. Bobby Driscoll fue una de las mayores estrellas de Disney durante la década de los 40 y murió en la calle destrozado por la adicción, tenía solamente 31 años y su cadáver se identificó meses después de su fallecimiento. Amanda Bynes, Lindsay Lohan, Demi Lovato, Britney Spears, Macaulay Culkin y Justin Bieber, por citar tan solo unos casos recientes, no han estado rodeados de las mejores personas para batallar con los efectos de la fama. Ninguna estrella fue como Elizabeth Taylor que a una edad muy temprana entendió que para sobrevivir en un mundo tremendamente hostil tenía que ser más agresiva que el resto, lo comprendió cuando vio que su madre era tratada como un trapo por un alto ejecutivo de un estudio y su carácter fue perdonado por Hollywood mientras generaba ingresos.

Mientras Macaulay Culkin se convirtió en uno de los actores más taquilleros de Hollywood su padre, Kit, pasó a ser la pesadilla de los Estudios. Los ejecutivos esperaron al fracaso de la estrella infantil para vengarse de su progenitor © 20th Century Fox

En el 2023 los premios Razzies nos sorprendieron con una espectacular recogida de cable al entregarse a sí mismos el galardón a la peor interpretación femenina por la irrespetuosa nominación de Ryan Kiera Armstrong, de 12 años, por su trabajo en «Ojos de fuego». Los miembros de la asociación retiraron la candidatura de la joven actriz tras las protestas en las redes sociales por la falta de sensibilidad hacia la interpretación de una menor de edad. No es la primera vez que los antipremios se fijan en los niños para sus menciones de lo peor del año. Si hacemos un balance en la trayectoria de los Razzies nos encontramos con Gary Coleman (13 años por «On the right track»), Macaulay Culkin (13 años por «Mano a mano con papá», «El guardián de las palabras» y «Niño rico»), Jake Lloyd (10 años por «La amenaza fantasmas»), Mara Hobel ((10 años por «Queridísima mamá»), Nicola Peltz (15 años por «The Last Airbender»), Jaden Smith (ganador con 14 años por «After Earth» ), Brooke Shields (ganadora con 15 años por «El lago azul» y nominada con 17 por «Amor sin fin») y Maddie Ziegler (ganadora con 17 años con «Music»). Ziegler ganó en la edición de 2020 cuando las redes sociales ya eran una herramienta para los defensores de la moral y la corrección política pero también es cierto que «Music», el debut en la dirección de la cantante y compositora Sia, un musical con una protagonista autista que fue duramente criticado por ofrecer una visión distorsionada no era precisamente una causa de bien que defender.

Una candidatura políticamente incorrecta en los tiempos buenistas que corren © Universal

En la edición más reciente de los Razzies hubo temor por parte de los miembros y sobre todo los inversores a ser identificados y señalados en las redes sociales. La asociación se fundó en 1980 por el veterano publicista John J. B. Wilson y actualmente cuenta con aproximadamente 650 miembros que pagan una cuota anual y que están repartidos por una veintena de países. Entre sus integrantes hay gente de la industria, críticos y periodistas que prefieren estar en la sombra, es mucho más fácil hacer mofa desde la protección que da el anonimato, tal y como sucede en las redes. El linchamiento y la llamada a la cancelación fueron más fuertes que la ofensa a una menor de edad.

En su momento nadie se disculpó con Jake Lloyd a quien le destrozaron la infancia con las malas críticas, ni siquiera removió conciencias cuando la madre del ex actor dijo en el año 2016 que su hijo necesitaba ayuda. Hace siete años la integridad de los niños de la industria no era un bien a defender porque no estaba de moda.

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