El factor biopic en la búsqueda del Oscar

Uno de los platos fuertes de la próxima edición del festival de Venecia es la presentación de «Blonde» de Andrew Dominik. Un proyecto de gestación catedralicia, que ha estado en la fase de desarrollo durante 12 años teniendo a Naomi Watts, Jessica Chastain y finalmente a Ana de Armas encarnando a Marilyn Monroe y que ha salido adelante gracias al empeño de su productor Brad Pitt y a la intervención de Netflix, en su papel de salvadora de las causas perdidas. «Blonde» se basa en la aclamada novela biográfica sobre Marilyn Monroe por la que la escritora Joyce Carol Oates recibió el premio Pulitzer en el año 2000 y de la que ya existe una adaptación, la CBS estrenó en 2001 una miniserie de cuatro horas que tuvo a Poppy Montgomery como protagonista y que descarriló en sus ambiciones de llegar a los Emmy básicamente porque a nadie le interesó, al igual que a los inversores que se negaron a financiar a Dominik desde que comenzó a patearse las calles de Hollywood y los festivales de clase A pidiendo pasta.

La versión televisiva de «Blonde» que nadie vio hace 20 años © CBS

Si con el trabajo realizado hace dos décadas por Poppy Montgomery nadie se volvió histérico ni se le organizó ninguna campaña de marketing para promoverla en la industria, las expectativas en torno a la encarnación de Ana de Armas de Marilyn Monroe son enormes. Cada vez más caemos en la tontería de glorificar o enterrar antes de ver y eso ha empeorado en estos tiempos dominados por la explosión de las redes sociales y los medios digitales, muchos de ellos salidos de las mismas granjas de usuarios falsos empleados para beneficiarse de la publicidad. Los expertos de salón, y los que no lo son lo cual es bastante más ridículo, han situado a Ana de Armas como la favorita al Oscar a la mejor actriz por «Blonde» sin haber visto realmente la película, primero, porque el equipo de publicistas de Netflix ya se ha encargado de alimentar la rumorología y rendimos culto a los tweets entusiastas, y segundo, por el factor biopic.

Antes de Ana de Armas «Blonde» iba a estar protagonizada por Naomi Watts y Jessica Chastain y a ambas les dieron el Oscar por una película que no llegaron a rodar © Netflix

Si un intérprete quiere el respeto de la industria ha de hacer un biopic y si el interesado es insultantemente atractivo ha de afearse y mucho, Rami Malek no cuenta. Marilyn Monroe ha sido el mayor mito que ha tenido Hollywood, por encima de Greta Garbo, y las circunstancias de su muerte han alimentado su leyenda durante décadas, además su encarnación de sex symbol era en realidad el mecanismo de defensa de una chica desamparada que solamente conoció el abandono y los abusos. Es, en definitiva, un personaje con múltiples dimensiones convertido en una fantasía para cualquier actriz con ambición y también para toda choni con ínfulas de sex symbol.

Will Smith («El método Williams»), Jessica Chastain («Los ojos de Tammy Faye»), Daniel Kaluuya («Judas y el mesías negro»), Renée Zellweger («Judy»), Rami Malek («Bohemian Rhapsody»), Olivia Colman («La favorita») Mahershala Ali («Green Book»), Gary Oldman («El instante más oscuro»), Allison Janney («Yo, Tonya»), Leonardo DiCaprio («El renacido»), Mark Rylance («El puente de los espías»), Alicia Vikander («La chica danesa»), Eddie Redmayne («La teoría del todo»), Matthew McConaughey («Dallas Buyers Club»), Jared Leto («Dallas Buyers Club»), Daniel Day Lewis («Lincoln»), Meryl Streep («La dama de hierro»), Christopher Plummer («Beginners»), Colin Firth («El discurso del rey») y Sandra Bullock («The Blind Side») han ganado el Oscar desde el año 2010 por interpretar a personajes reales. La lista de actores que han sido recompensados por los académicos por el factor biopic es interminable, desde la asesina en serie interpretada por Charlize Theron en «Monster», hasta el rey Enrique VIII encarnado por Charles Laughton en «La vida privada de Enrique VIII», pasando por la monja de «Pena de muerte» a la que inmortalizó Susan Sarandon o la Loretta Lynn versionada por Sissy Spacek de «Quiero ser libre». Se unen la gran construcción de un personaje, que ya cuenta con la riqueza de la realidad, y el trabajo de composición e imitación del actor. Lo realmente difícil es no situarse de manera automática bajo el radar de los premios porque la propia historia real ya ha construido buena parte del relato de cara a la promoción e incluso puede salvar a un trabajo nada brillante: el ejemplo de superación a base de mucho esfuerzo dado por las hermanas Williams y Will Smith pesó más que la propia calidad de la interpretación galardonada con el Oscar del actor.

Will Smith recordándonos lo mal actor que era en «El príncipe de Bel Air» pero los millones invertidos en su campaña y su relato de superación tuvieron su recompensa © Warner

Dar premios a quien interpreta a un personaje real se ha convertido en una opción realmente cómoda y cuanto más aparatosa sea la persona retratada y el trabajo de imitación de quien lo lleva a la pantalla mayores serán sus opciones de victoria, bien lo saben Eddie Redmayne y Jessica Chastain, por ejemplo.

Jessica Chastain en una exhibición, en mal, de todo lo que hay que hacer para ganar un Oscar © Disney

Pero el factor biopic no es siempre una fórmula ganadora. Recientemente se ha cancelado «The First Lady», uno de los proyectos estrella de Showtime para la temporada televisiva 2021/22 y cuyo objetivo era reunir a grandes intérpretes femeninas para que dieran vida a históricas Primeras Damas de los Estados Unidos. Un teórico imán para los galardones que reclutó a Viola Davis (Michelle Obama), Michelle Pfeiffer (Betty Ford) y Gillian Anderson (Eleanor Roosevelt). «The First Lady» fue tan desastrosa que ni siquiera los prescriptores de los digitales se atrevieron a hablar de ella, y estos son capaces de dar el coñazo con lo que sea y también de venderse por una bolsa de gominolas.

Con semejante imagen promocional era difícil disimular el desastre © Showtime

Los herederos de Marilyn Monroe han tenido que salir en defensa del trabajo de la actriz de origen cubano Ana de Armas ya que está siendo muy criticada en las redes sociales por su acento materno interpretando a la Monroe. Es algo habitual, Kristen Stewart probablemente provocara los delirios de sus fans al ponerse una peluca rubia y ladear la cabeza como Lady Di en «Spencer» pero no se libró de las críticas por no ser británica. «Spencer» le proporcionó una candidatura al Oscar a Kristen Stewart y aún no sabemos qué le deparará a Ana de Armas por «Blonde» pero la opinión negativa en torno a las elecciones de casting pueden destrozar las pretensiones de una película. Eso fue lo que le sucedió a «Nina» el biopic de la cantante Nina Simone. La elección de casting de Zoe Saldana para dar vida a la legendaria artista no gustó y lo que resultó más ofensivo fue que oscurecieran su piel para ajustarla al tono de Simone, hasta la propia familia de la cantante fue crítica con la selección de la actriz de origen latino. Como resultado «Nina» se pasó mucho tiempo guardada en un cajón, tuvo un estreno muy limitado y con críticas negativas, y con la escena de Nina Simone dando mamporros en un hospital como si fuera la secuela de «Colombiana» las merecían. Lo que parecía el «Hollywood me debe un Oscar» de Zoe Saldana por poco acaba con su carrera.

Una hiriente «black face» estuvo a punto de acabar con la carrera de Zoe Saldana © RLJ Entertaiment

Pero nadie ha llegado a estar tan devorada por la ambición que conlleva el factor biopic como Faye Dunaway. Fue junto a Jane Fonda la estrella femenina más importante que tuvo Hollywood hace medio siglo. Saltó a la fama gracias a «Bonnie & Clyde» y aunaba belleza, talento, personalidad y magnetismo lo que le hacía emparentar con las grandes divas del Hollywood clásico. Faye Dunaway ganó el Oscar a la mejor actriz por interpretar a una despiadada productora en «Network». Poco después de llevarse el preciado galardón su carrera comenzó a decaer porque en la siempre pacífica comunidad de Tinseltown pesaba demasiado su condición de problemática. Sus peleas con Roman Polanski en el set de «Chinatown» llegaron a ser más que palabras y Bette Davis que trabajó con ella en el telefilm «La desaparición de Aimée» dijo de ella que era la peor profesional con la que se había topado nunca.

El equivalente en la gente de Hollywood de encamarse por fin con quien te gusta desde que te salieron los dientes © Terry O’Neil

A inicios de la década de los ochenta Faye Dunaway buscaba ese proyecto con el que regresar a la primera línea y de paso volver a situarse bajo el radar de los académicos. Su «Hollywood me debe un segundo Oscar» fue «Queridísima mamá», la traslación a la gran pantalla de la historia de la gran estrella Joan Crawford a través de los ojos de su hija adoptiva Christina. Ese ajuste de cuentas se había convertido en un gran éxito editorial y el relato, en donde Crawford dejaba a cualquier supervillana de Disney a la altura de una misionera, poseía demasiados ingredientes para ser una golosina en Hollywood. Faye Dunaway era la actriz ideal para encarnar a Joan Crawford. Es más, la propia Crawford comentó en una entrevista realizada durante la década de los setenta que de la vulgaridad reinante en el Hollywood de esos días Faye Dunaway era la única que poseía la clase propia de una gran estrella, era una señora y ejercía como tal, algo con lo que Joan Crawford estuvo batallando siempre porque nunca llegó a ser una dama de verdad. «Queridísima mamá», estrenada en 1982, fue uno de esos proyectos concebidos para estar en la carrera de premios, reclutando a históricos de la comunidad fílmica, pero resultó tan hilarante que fue imposible tomársela en serio. La Paramount cambió su estrategia promocional y la vendió como una comedia, su humor es involuntario, y se convirtió en un enorme éxito comercial pero también en objeto de escarnio ya que la prensa la consideró la peor película de ese año. El tan ansiado regreso de Faye Dunaway al Olimpo de Hollywood pasó a ser su tumba y desde ese entonces comenzó a vivir de las rentas de lo que fue en su época de reinado.

Faye Dunaway como Joan Crawford y convirtiéndose automáticamente en un referente de lo camp, no era lo querido por ella © Paramount

Un biopic es un arma de doble filo, si la estrategia es buena, y en eso no tiene que ser clave una incontestable actuación, el intérprete puede ser elevado de estatus pero si es un trabajo mal recibido puede suponer el final de una carrera. Así que recordad el porrazo de Faye Dunaway antes de conceder premios a ciegas.

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